martes, 10 de agosto de 2010

Imagina...


Imagina que estás rodeado de gente que te quiere y que te aprecia. Imagina que cada cual sigue el curso de su vida y crees apearte de un tren que parece no ser el tuyo. Puede que pienses que dejarlo marchar es lo mejor que puedes hacer. Coger tus maletas y buscar tu sitio; nada más lejos.

El viaje continúa. Van sucediendo muchas cosas. Momentos malos y momentos buenos. Hay momentos en los que quieres olvidar. Miras por la ventana para distraerte, pero sigues viendo tu reflejo. Te auto convences y buscas cualquier excusa. Cuando crees estar en el camino correcto, en realidad vas en sentido contrario, y lo peor, es que no te das cuenta.

Dice una vieja amiga, medio bruja como dice ella, que “el destino decidirá”. Quizá, la próxima estación sea, sin saberlo, la que tanto tiempo llevabas esperando. Sin embargo, sin querer, has llegado al vagón de cola y te preguntas ¿y ahora qué?

Confuso, vuelves a tu asiento, ajeno a lo que te deparará el futuro, tratas de forzar la máquina, tratas de cambiar la dirección del tren. Estás tan obcecado que no te has dado cuenta que va sobre raíles, y que al final, llegará a algún lugar, que sin duda será tu destino.

Has recorrido miles de kilómetros, y con el vagón ya medio vacío, sucede algo que te recuerda a aquello que creías querer olvidar, y es en ese momento, cuando te das cuenta de que quizá el tren no vaya tan desencaminado.

En realidad, lo que ha pasado es que has aprendido a moverte con él, a ser parte de él. Aprendes a disfrutar los momentos que pasas viajando, porque te das cuenta de que en realidad no viajabas sólo. Los que se habían bajado, han vuelto a subir. Los que echabas de menos; te echaban de menos. Has aprendido a disfrutar de lo que tienes, valorándolo al máximo, aprovechando cada minuto.

Al fin y al cabo, la vida es un estado de ánimo y las respuestas fluyen en el viento…

Este artículo se lo dedico a mi gordita, por haberme alegrado el día y porque siempre será mi gordita…

martes, 27 de octubre de 2009

Disfrutemos de las estrellas

Esta mañana me levanté inspirado para escribir un nuevo artículo, aunque no lo suficiente. Me faltaba el título. Después de leer los nuevos comentarios se me despejaron las dudas.

Ayer hablando con alguien le dije: "Es la primera vez, desde hace mucho tiempo, que la veo con una sonrisa de oreja a oreja". Me refería a una de mis mejores amigas, una de las personas que desde que la conozco ha estado ahí incondicionalmente, ofreciéndome sus consejos, llamando a las cosas por su nombre me gustara o no. Nada de demagogias, nada de palabras bonitas, nada de estar por estar.

¿Nunca habéis tenido la sensación de estar solos aún estando rodeado de quien se supone es tu gente? Pues con ella es todo lo contrario. Aunque no la veas, aunque no hables con ella, tienes siempre la certeza de que está a tu lado y que siempre tendrá el consejo adecuado.

Para ella tampoco está siendo el mejor año de su vida, pero como le dije hace unas semanas, nuestra suerte está cambiando, y así ha sido. Atrás quedarán los berrinches, los malos ratos y la sensación de impotencia. Es un comienzo para que todo de un giro.

Lo suyo es otro puñado de mérito incuestionable. De ahí que se merezca este pequeño homenaje.

Te prometí una foto de la Estatua de la Libertad, y aunque tengo más que tengo que retocar ahí va un adelanto. No es la mejor, pero bueno, tiene algo más, un doble sentido ¿se te ocurre qué puede ser?

Echaré de menos tu "huevito" aparcado en el curro, las absurdas conversaciones por email en las que siempre pillas (y bien que te gusta) y las despedidas interminables en tu sitio cuando vuelvo a casa.

Eso sí, siempre nos quedarán las cenas en el Kebab o en el Gino's, a ver si algún lugareño nos recomienda otro sitio...

Te deseo lo mejor en tu nuevo curro, y te invito a que lo consideres el giro que esperábamos, ese "punto de inflexión" que tanto necesitabas.

lunes, 5 de octubre de 2009

El punto de inflexión


Es época de cambio, de confusión. Toca sacar fuerzas de donde no las hay. Sólo cuentas con tu familia y tus amigos, aquellos que sin saberlo, siempre están ahí.

Después de uno de los años más duros por los que he pasado, de sufrir, de sufrir por ver sufrir, de reír y hacer reír, de llorar y no encontrar consuelo, llega el momento del cambio. Esas palabras que alguien te dice, ese momento inolvidable, ese lugar indescriptible.

Hace más o menos un año, decidí que uno de mis objetivos fuese crear un blog en el que poder expresar lo que siento, mediante mi cámara o mediante unas palabras, sin importar quien lo leerá, ni siquiera si alguien lo leerá.

Hoy, 5 de octubre de 2009, he decidido que ha llegado el momento. Una vez más tres o cuatro pequeños detalles te hacen dar ese pequeño giro, un estímulo que no hay que dejar escapar. Es el punto de inflexión.